En los tiempos oscuros la vida no valía un ardite. Se acostumbró a escuchar los susurros del médico que lo visitaba todas las semanas y que comunicaba a sus padres la inutilidad de todos los tratamientos que hasta el momento había prescrito y que, aunque lo mantuviesen anclado a la vida, no le garantizaban un futuro. El día que escuchó la cifra le pareció que el infinito se extendía ante sus ojos. Dieciséis, viviría hasta los dieciséis años. Non comprendió la expresión de angustia y el sollozo reprimido de su madre, las miradas de soslayo de la criada y los movimientos resignados de la cabeza del médico. No podía calcular cuanto tiempo le quedaba pero en aquel momento le pareció una eternidad. Todo tiene ventajas e inconvenientes y su fecha de caducidad también. Deseaba poder bajar a la calle con sus hermanos y jugar despreocupadamente al escondite y a las batallas de piedras, pero solo podía asistir a esos juegos a través de los cristales, todas aquellas actividades le estaban ve...
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En los tiempos oscuros todo resultaba muy difícil, las cosas parecían de decoración de cine, falsas y de poco valor. El aire se colaba por las rendijas que se formaban entre el cristal y el marco de madera de las ventanas a causa del sol que resecaba la masilla que mantenía el cristal sujeto al bastidor de madera. Los estantes se combaban por el peso de los libros que a su vez estaban desvencijados con las hojas rotas y dobladas y hasta el somier de las literas se había desprendido de las patas y había que mantenerlo en su posición colocando libros debajo. Pero sin duda lo más inquietante eran las cuatro baldosas del pasillo que habían quedado mal fijadas al suelo y que cuando se pisaban se movían emitiendo un sonido musical durante el día y fantasmal durante la noche. Lo cierto es que todo tenía un aire decrépito acentuado por la falta de interés en el orden y la limpieza generada por un rechazo visceral al espacio. La primera vez que lo vió le produjo algo similar a un dolor de ...
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Cuando llegó al colegio por primera vez el peso de la vida se instaló sobre sus hombros y ya no la abandonó jamás. Se sentía perdida en un inmenso laberinto del que por muchas vueltas que diera era incapaz de salir y solo obtenía alguna tregua en el camino infinito cuando podía rescatar de las estantería del fondo aquellas historias que le permitían sumergirse en otros mundos y le dejaban vivir otras vidas. Escapar de su propia vida se convertiría en una obsesión de la que ya no podría escapar más. Quizás si hubiese nacido treinta años después hubiese sido carne de psicólogo, pero nació en esa época en la que los niños eran seres cuya única misión era crecer y convertirse en una persona de provecho. Hay personas que no deberían nacer. Hay personas que no deberían nacer. Hay personas que no deberían nacer. Y hay personas que no deberían nacer y no tienen el valor de acabar con su vida. Y hay personas que no deberían nacer y no tienen el valor de acabar con su vida y se ven ob...
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La mente siempre fue mas rápida que la palabra y los sentimientos más difíciles de definir. El mundo se reducía a tres habitaciones diminutas que adquirían la grandiosidad de un palacio con gruesos muros de protección, pero los monstruos no dejaron nunca de acechar al otro lado de la puerta y aunque no consiguieron entrar hicieron agujeros a través de los cuales la observaban y la obligaban a permanecer alerta, asustada y con el deseo oculto y desesperado de desaparecer.