La mente siempre fue mas rápida que la palabra y los sentimientos más difíciles de definir. El mundo se reducía a tres habitaciones diminutas que adquirían la grandiosidad de un palacio con gruesos muros de protección, pero los monstruos no dejaron nunca de acechar al otro lado de la puerta y aunque no consiguieron entrar hicieron agujeros a través de los cuales la observaban y la obligaban a permanecer alerta, asustada y con el deseo oculto y desesperado de desaparecer.

Comentarios

Entradas populares de este blog