En los tiempos oscuros todo resultaba muy difícil, las cosas parecían de decoración de cine, falsas y de poco valor. El aire se colaba por las rendijas que se formaban entre el cristal y el marco de madera de las ventanas a causa del sol que resecaba la masilla que mantenía el cristal sujeto al bastidor de madera. Los estantes se combaban por el peso de los libros que a su vez estaban desvencijados con las hojas rotas y dobladas y hasta el somier de las literas se había desprendido de las patas y había que mantenerlo en su posición colocando libros debajo.
Pero sin duda lo más inquietante eran las cuatro baldosas del pasillo que habían quedado mal fijadas al suelo y que cuando se pisaban se movían emitiendo un sonido musical durante el día y fantasmal durante la noche.
Lo cierto es que todo tenía un aire decrépito acentuado por la falta de interés en el orden y la limpieza generada por un rechazo visceral al espacio. La primera vez que lo vió le produjo algo similar a un dolor de estómago que se quedó enquistado y que fue aumentando de volumen hasta convertirse en un odio sordo y profundo. Trató en varias ocasiones de mejorar el entorno, pero sabiendo de antemano que cualquier cosa que intentase hacer no lo mejoraría por lo que no solo le invadía el desagrado sino la frustración que aparecía en cualquier rincón de la casa.
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